
23 de septiembre de 2011 -
Fuente: El Deber -
Conversando con un buen amigo economista, era imposible no enfrascarnos en un trabado debate sobre el papel de Santa Cruz en la economía boliviana en el escenario del Estado plurinacional. Con el informe de coyuntura de la Fundación Milenio en las manos, este especialista en economía sostenía que las malas condiciones para la inversión en nuestro país y la inseguridad jurídica están impactando poco a poco en el ‘emprendedurismo’ y en el modelo de generación de recursos en el departamento locomotora del desarrollo.
¿Y los indicadores de crecimiento de las inversiones inmobiliarias y de construcción? ¿Y los fenómenos de aumento de consumidores masivos en los mercados de productos básicos? Según este analista, la burbuja inmobiliaria tendrá un ciclo indefectible de maduración y declinación, aunque existan variables impredecibles como el comportamiento de capitales ‘informales’ que se pasean por nuestra economía distorsionando la realidad. Ahora se analiza con mayor precisión el comportamiento de la clase media cruceña, que ha crecido en sus capacidades de consumo, energía, bienes y principalmente en su insaciable necesidad de satisfacer lo básico en las jerarquías que propuso Abraham Maslow en su pirámide.
Este fenómeno que vive el estrato medio de Santa Cruz es generado por la llamada ‘clase media parásita’, que solo consume y no produce. Aun así, en 2010 la región cruceña contribuyó con el 27% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Esta información expresa que un tercio de la producción boliviana se genera en Santa Cruz, aunque es evidente que su participación bajó en 2010, debido a que las actividades económicas con mayor aporte al PIB cruceño son la agricultura, las manufacturas y los servicios.
Según la Fundación Milenio, el ingreso por habitante cruceño bajó y en la actualidad está en el cuarto lugar, debido a la desaceleración del desempeño económico regional, el boom minero en Potosí y Oruro y la expansión petrolera en Tarija. En 2010 la superficie cultivada en Santa Cruz se contrajo a 7,4%; de 1,95 millones de hectáreas (ha) que se cultivaron en 2009 se redujeron a 1,81 millones de ha de productos como la soya, el girasol, la caña de azúcar, el arroz, el trigo, el maíz, el sorgo, el sésamo y el algodón. Otro dato revelador es la participación de Santa Cruz en las exportaciones bolivianas, en las que ha bajado del 40 al 25%, y en 2010 hubo una reducción del 11% de los recursos tributarios programados, aunque por otro lado el departamento, en promedio, ha participado con el 50% del total de las recaudaciones tributarias de Bolivia.
En las conclusiones que ensayamos después de discutir sobre el modelo productivo cruceño y el entorno de un estado fuerte e intervencionista, deducimos que es absolutamente necesario acompañar la vocación productiva del departamento con políticas públicas que faciliten la generación de recursos que provengan de la producción y las exportaciones, anulando las restricciones y trabajando desde este modelo estatal en la apertura de nuevos mercados que incentiven la inversión.
Si no se actúa de esa forma, la desaceleración puede pasar a otro estadio más complejo que afectaría a toda Bolivia, ya que a pesar de los desincentivos Santa Cruz es el primer departamento en la contribución del PIB, el de mayor población económicamente activa, el que genera mayor recaudación tributaria y el que produce el 72% de los alimentos para todo el país.
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